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Bermeoko Abesbatza
     HISTORIA
TEJIENDO HISTORIA EN EL XXX ANIVERSARIO DEL “ORFEON BERMEANO” Prehistoria del Orfeón Bermeano Toda historia tiene su prehistoria. La tiene también el ORFEON BERMEANO. Una prehistoria un tanto rocambolesca, salpicada de anécdotas novelescas y policiales, desconocidas por la mayoría de los bermeanos. Las conozco por haber sido protagonista y testigo de excepción de ellas. Y pienso que es interesante desempolvarlas y sacarlas a la luz pública en este xxx Aniversario del ORFEON BERMEANO. 1. Un acontecimiento: Llega a Bermeo su primer Obispo “Erriko seme” La chispa que hizo brotar la idea del actual “Orfeón Bermeano” surgió con motivo de la primera venida a Bermeo del Ilustre hijo de Bermeo el franciscano Mons. Carlos Anasagasti, consagrado obispo para la Misión del Beni (Bolivia). Era el primer Obispo de Bermeo conocido en toda su historia. Y un Obispo “separatista”, como se decía en aquella época franquista. Había sido capellán de gudaris en los frentes de batalla contra Franco. Había sido hecho prisionero de guerra y compartido con otros gudaris las cárceles franquistas…Había marchado, por fin, a Sudamérica como Misionero. Y, al cabo de algunos años de intensa y eficiente labor misionera en el Paraguay, había sido elegido y consagrado Obispo. Ahora venía a Bermeo, su tierra querida, por primera vez. Era la primavera de 1955. Bermeo se dispuso a recibir a su primer Obispo con todos los honores. Como Director de la Juventud Antoniana se me responsabilizó de la organización de aquel acontecimiento. Aquella numerosa y entusiasta juventud de chicos y chicas puso manos a la obra. A la entrada del pueblo se construyó un vistoso arco entre el Casino y el Batzoki. Su texto decía: “Ondo etorria, erriko seme”. Seguidamente guirnaldas, banderolas, flores…La plazuela de S. Francisco se cubrió con una amplia red tendida desde los balcones hasta los árboles, amarrada en el centro a la coquetona Tarasca. De ella colgaban flores multicolores. El suelo se alfombró de flores…Y, al llegar el Obispo a Bermeo tras el caluroso homenaje recibido en Mundaca, estalló la alegría y el júbilo. Los “Goras” atronaron el espacio. Bermeo en pleno estaba allí aclamando a su primer Obispo. Había lágrimas de emoción en los ojos y un júbilo incontenible en los corazones. Ingresó en la iglesia de S. Francisco, donde tuvo lugar un breve y emotivo acto religioso con palabras emocionadas de Mons. Carlos Anasagasti. Pero el Obispo bermeano, conocido aberzale, no era del agrado del régimen franquista. Me consta de fuente fidedigna que tuvo “vigilancia policial” durante toda su estancia en Bermeo, siguiendo todos sus pasos. Y que el entonces Gobernador Civil de Vizcaya, Genaro Riestra, estuvo ese día en Bermeo, examinando personalmente los preparativos de entrada y los textos alusivos al Obispo. Por cierto, cuando el coche que traía a Mons. Anasagasti se acercaba a Mundaca, se alejaba el del Gobernador civil, cruzándose ambos a la altura del cementerio de Mundaca. La prensa y la radio hicieron un silencio absoluto en torno a la venida a España y a Bermeo de Mons. Anasagasti. Ni una noticia. Ni un comentario. Pero cuando a las pocas semanas alguna radio estaba arengando a los bermeanos para asistir al recibimiento del Generalísimo Franco, con motivo de la inauguración del ferrocarril, se escuchó una frase que decía algo así: “A ver si asistís y aplaudís con el mismo color y entusiasmo como lo habéis hecho recientemente ante la venida de algún otro a Bermeo”. La alusión era clara. 2. Reclutamiento del primer Orfeón y “marejada” a la vista Pasaron los meses de verano de 1.955. Nuestro Obispo seguía vigilado a distancia por la policía. Llegó la hora de su partido a la Misión del Beni (Bolivia). Y se pensó en rendirle un merecido homenaje al “erriko seme” el 11 de Diciembre de 1.955, Domingo. Homenaje desglosado en dos vertientes: Una religiosa en la Iglesia de S. Francisco y otra artístico- musical en el Salón del Cine Antoniano. Fui encargado de organizar el homenaje artístico-musical con la ayuda colaboración de la Juventud Antoniana y de los PP. José Galárraga y Francisco Aguirre. Otros se encargarían de la parte religiosa. El homenaje artístico-musical lo dividimos en dos partes: La primera consistía en la representación de las obras teatrales de clásico sabor bermeano del sacerdote bermeano (y primo carnal de mi difunta madre) D. Robustiano Ortúzar: “Partilletxe” y “Sorginkeribako epaia”. La segunda consistía en un concierto de canciones típicas vascas en general y bermeanas en particular. Se puso en marcha la máquina. Pablo Zabala(“Aikafe”), con su maestría y bien hacer habitual, se hizo cargo de la obra teatral. El P. Yon Zubieta, residente en aquel entonces en el Convento franciscano de Forua, se encargó de la parte musical. No hubo problemas ni para encontrar actores ni cantores en nuestro pueblo, que goza de una buena cantera en ambos campos. Ni faltó voluntad de participar. La elección de los cantores resultó especialmente fácil, pues en aquella época había tres coros en Bermeo: en las Parroquias de Santa María y Santa Eufemia y en el Convento de San Francisco. A cual mejores los tres. Solemnizaban los cultos de las tres Iglesias. Me puse en contacto con sus responsables, les propuse la idea de aunar los tres coros para el homenaje musical a Mons. Anasagasti y accedieron con sumo gusto. Era el otoño de 1.955. Y comenzaron los ensayos, tanto de la obra teatral como de los cantos. Había un entusiasmo desbordante entre nosotros. Pero para una actuación artístico-musical en un lugar público era preceptivo en aquellas fechas, la obtención previa de la censura de Información y Turismo y la autorización de la Jefatura Superior de Policía de Bilbao. Y aquí comenzó la odisea. Con mi cartera bajo el brazo llegué a Bilbao para realizar dichos trámites. Llevaba el programa artístico-musical “de verdad”. Es decir, el que íbamos a presentar al público de Bermeo. Pero me entrevisté previamente con personas de toda confianza y conocedoras del asunto para pulsar su opinión:-“Nos darían la autorización legal? Aceptarían aquel programa totalmente en euskera? Un programa confeccionado en homenaje a un Obispo “no grato” para el régimen?”. Y la respuesta fue unánime y tajante:-“De ninguna manera. Sería rechazado ciertamente”. ¿Qué hacer entonces? Porque en Bermeo continuaban los ensayos con ilusión…No había otra salida que rehacer el programa, “camuflarlo” y presentarlo a la censura y autorización preceptiva. Y no tuve escrúpulo alguno en hacerlo, porque la negativa iba a ser injusta y opresora para nuestro pueblo y nuestra lengua vasca. Sustituí la obra teatral vasca de Robustiano Ortúzar por otra netamente misional en castellano, que estaba muy de moda en aquella época. Se titulaba “Chao” y estaba ubicada en China. Las canciones vascas y bermeanas las sustituí por otras vascas y castellanas “inocentes”, que no pudieran despertar sospechas políticas. Y me presenté a los organismos oficiales con la cara más inocente del mundo. Al cabo de algún tiempo llegó la respuesta afirmativa: Estaba autorizado el programa artístico-musical. Pero…¿qué programa?. El “camuflado”, no el de “verdad” que estaban ensayando en Bermeo. Callé. No se lo dije a nadie para no echar por tierra tantas ilusiones y esperanzas. Pasaron los días. Se acercaba el 11 de Diciembre, día del homenaje a Mons. Anasagasti. Nadie sabía nada del programa trucado y autorizado. Pero el Viernes a la noche me llama por teléfono el entonces Sr. Alcalde de Bermeo, José Benito Anduiza y me comunica:-“He recibido notificación telefónica de la Jefatura Superior de Policía de Bilbao prohibiendo la actuación artístico-musical del próximo Domingo en el Salón del Cine Antoniano. Se lo comunico para su conocimiento”. -“Señor Alcalde,-le repuse-tengo autorización escrita de dicha actuación y la prohibición debe dárseme por escrito también. Mientras no lo hagan así se realizará dicha actuación.” Callé de nuevo. No quise notificar el asunto a nadie para que cundiera el pánico, pues las entradas al Salón Cine Antoniano estaban despachándose como rosquillas. Estaban llenas las dos sesiones y la gente solicitaba con insistencia una tercera sesión. ¿Qué hacer? Había encargado a la imprente Llona la impresión de los programas de “verdad” del acto artístico-musical. Tenía en mi poder las pruebas de imprenta ya revisadas y debía llevárselas al día siguiente, Sábado por la mañana. Pero no podía perder el tiempo. Había que adelantarse a la posible actuación y presencia de la policía. A las 9 en punto de la mañana estaba en la Imprenta Llona. Les notifiqué lo que sucedía. Y, sin perder el tiempo, deshice las galeradas preparadas para la impresión de los programas y recogí de la papelera todos los papeles que sirvieran de pista acusadora. Las metí en mi bolsa. Y, cuando me disponía a salir entra el Sr. Alcalde y me dice por saludo:-“¿Qué hace por aquí P. Andrés a estas horas?”.-“He venido simplemente a cumplir el Evangelio de Jesús”, le repliqué, “Porque, aunque no lo dice, debería decir que cuando pases a la puerta de un amigo, entra y salúdale. Y estoy haciendo eso y nada más. Y…qué Evangelio le trae a Vd. Por aquí, Sr. Alcalde?”. Le puse en un brete, ciertamente. Cambié de tercio y le dije: -“Reitero lo que le dije anoche. Mientras no se me dé por escrito la prohibición policial, se realizará el acto programado en el Salón Cine Antoniano.” Y me marché. Estaba “solo ante el peligro”. Y era mucho “Miura” aquel toro para lidiarlo en solitario e indefenso. Era la víspera del homenaje y debía romper aquel silencio, asesorarme y dar una salida digna a la situación. Así lo hice aquella mañana del sábado. Notifiqué, por primera vez, la situación a mis colaboradores y responsables del homenaje. A nadie más, para que no trascendiera el problema y fuera todo al traste como un castillo de naipes. Tras haber trazado un plan de urgencia, nos dirigimos a Demiku a entrevistarnos con Mons. Anasagasti, que estaba totalmente ignorante del problema. Le propusimos el nuevo plan y nos contestó con aplomo:-“Yo ya he estado en la cárcel y estoy dispuesto a ir de nuevo. Si vosotros lo estáis también, adelante”. Un fuerte apretón de manos selló el pacto. 3. Sábado: Homenaje artístico-musical a media noche en el Salón Cine Antoniano La decisión fue rápida y unánime: El homenaje artístico-musical se realizaría a puerta cerrada en el Salón Cine Antoniano pero no el Domingo por la tarde sino aquella misma noche del Sábado. Inmediatamente se pusieron en marcha todos los enlaces y teléfonos. Se convocó urgentemente a todos los integrantes de la obra teatral vasca y a todos los cantores para un “ensayo general” a las 11 de aquella misma noche. Todos debían venir ataviados como en una actuación formal ante el público. Su sorpresa fue mayúscula por inesperada y no prevista, pero reinó la disciplina y la ilusión de hacer bien las cosas. Nadie hizo ninguna pregunta “comprometida” ni sabía nada de lo que ocurría, a excepción de los responsables. En el máximo secreto estaba la clave del éxito. Y se mantuvo el secreto. A las 11 de la noche en punto daba comienzo en el Salón Cine Antoniano el homenaje al primer Obispo de Bermeo. Las puertas permanecían cerradas. Los atores y cantores entraron por la puerta posterior, desde la Antoniana. La sala estaba “vacía” de mitad para adelante. Pero allá en la sombra, bajo el anfiteatro, había un grupito de personas que habían entrado sigilosamente a través del Convento. En medio de ellas, oculto y bien arropado, estaba Mons. Carlos Anasagasti, irreconocible desde el escenario. Comenzó la sesión con el teatro vasco de R. Ortúzar :-“Partilletxe” y “Sorginkeribako epaia”, bajo la dirección magistral de Paulo Zabala y el gracejo y salero de los improvisados pero habilidosos actores bermeanos. A continuación resonaron las voces frescas, naturales y vibrantes del Coro de cantores- Tres coros en uno-, desgranando con espontaneidad y temperamento bermeano canciones y más canciones con frescor del Cantábrico. Allá en la sombra le saltaban las lágrimas de emoción incontenible a Mons. Anasagasti. Estaba metido de lleno en su ambiente bermeano, rodeado del cariño de los suyos. Hubo un momento en que pensé que todo se venía al traste. A media sesión tuve una llamada urgente, nerviosa. Me esperaba en la Portería del Convento un Sr. “desconocido” que me reclamaba insistentemente. Acudí temiendo lo peor. Pero no. Era simplemente el Delegado del Tribunal de Menores en Bermeo reclamando los derechos de las sesiones del “día siguiente” para dicha entidad. Le “regalé” medio Cine y se fue tan contento. Respiré hondo. Terminado el homenaje artístico-musical bien entrada la madrugada del Domingo, me acerqué al micrófono del escenario, agradecí a todos su esfuerzo, su ilusión y su bienhacer. Y añadí:-“El homenaje artístico-musical a Mons.Carlos Anasagasti ha concluido ya”. Seguidamente les conté toda la verdad de la situación ante el estupor de todos los presentes. E invité al Sr. Obispo a salir de sus “sombras ocultas” y a subir al escenario. Su “aparición misteriosa” provocó un aplauso cerrado y entusiasta de todos. Tomó el micrófono. Con voz temblorosa y emocionada agradeció cordialmente aquel homenaje cálido y espontáneo en aquellas circunstancias…Pero se le quebró la voz, se le hizo un nudo en la garganta y no pudo proseguir. Se le saltaron las lágrimas a borbotones, mientras muchos de los presentes lloraban también a lágrima viva en el escenario… Había terminado el homenaje del Salón Cine Antoniano, no ya con el “Chao” chino sino con el “Cho” bermeano, lleno de sal y gracia, y el estreno de aquel “Tres en uno” del magnífico Coro de cantores. Pero el homenaje seguiría también, contra viento y marea, al día siguiente, Domingo, 11 de Diciembre. El Coro de cantores había reservado un buen repertorio de cantos para esa ocasión. 4. Domingo: Homenaje religiosa-musical a media tarde en la Iglesia de S.Francisco En todas las Misas del Domingo por la mañana se informó al público que “por causas ajenas a nosotros, el homenaje a Mons. Carlos Anasagasti que debía celebrarse en el Salón Cine Antoniano, tendría lugar en la Iglesia media tarde”. El pueblo captó al vuelo el significado de aquellas palabras. Y fue corriendo de boca en boca la noticia del homenaje a media noche en el Salón Cine Antoniano. Antes de llegar a esta decisión y caminar seguros hubo que hacer previamente distintas llamadas telefónicas “en latín” a la Curia Provincial de los Franciscanos a San Sebastián y a un jurista eclesiástico conocido, para cerciorarnos de que la policía no podía intervenir en este acto celebrado dentro de la Iglesia. Y “en latín” precisamente, porque dábamos por supuesto que nuestro teléfono franciscano estaba “pinchado y controlado” por la policía. La mañana del Domingo 11 de Diciembre se detectaron en Bermeo personajes misteriosos, ajenos al pelo. ¿Policías vestidos de paisano?. Así lo pensó la gente. Pero Mons. Carlos Anasagasti no lo dudó ni se intimidó, pese a sentirse vigilado policialmente. Se revistió con sus “capisayos” episcopales (blanco y rojo) y se dirigió a pie desde el Convento a la Iglesia de Santa María, donde en una hermosa ceremonia administró el Sacramento de la Confirmación a un nutrido grupo de adolescentes. Tanto a la ida como al regreso a través de las calles de Bermeo, recibió los abrazos, felicitaciones y el cariño de muchísimos bermeanos que se acercaban a él. Llegó la tarde del Domingo. La Iglesia de San Francisco estaba abarrotada de público. En el altar, Mons. Carlos Anasagasti y el Superior de los Franciscanos P. Aingeru Madariaga, bermeano también. En el Coro el “PRE-ORFEON” estrenado la noche precedente. En el ambiente, tensión y expectativa creciente. Abrió fuego el Coro de cantores: voces vibrantes, frescas, disciplinadas, llenas de entusiasmo y expresividad…Era la primera vez que el público bermeano escuchaba la actuación conjunta de los tres coros cantores. Estaba electrizado, inmóvil, atento escuchando a “sus Cantores”. El Coro seguía deleitando sus oídos con un variado repertorio de canciones religiosas y profanas…Siguieron las palabras emocionadas de Mons. Anasagasti y del P. Aingeru Madariaga. De nuevo interrumpieron las voces del Coro y el aplauso espontáneo del público. Fue un acto memorable, difícil de olvidarlo. 5. Preguntas en espera de respuesta: -¿Por qué?...¿Por qué?... Había concluido el doble homenaje al ilustre hijo de Bermeo. Pero…¿qué hacer con todos los artistas y cantores que tanto se habían sacrificado a lo largo de tantos meses para preparar con ilusión aquel homenaje? Les ofrecimos en los locales de la Juventud Antoniana una sencilla merienda y una ocasión de confraternización, tras muchas horas de tensión. Era la hora exacta de la prevista actuación artístico-mucical en el Salón Cine Antoniano. El Salón permanecía cerrado a cal y canto. En la acera de enfrente lo vigilaban parejas de policías vestidos de paisano a distancia de unos metros unos de otros. La calle estaba desierta. Pero en la Juventud Antoniana a medida que bajaban las botellas, subía el tono de voz. Tras la merienda “reventó” la tensión acumulada en una explosión de cantos y mas cantos. Con las ventanas abiertas para que lo escucharan todos sonaron y resonaron todos los cantos bermeanos y vascos a una, dos, tres, cuatro y más voces…Bajo las ventanas, los policías intrigados, vigilaban por si se abrían las puertas del Salón Cine Antoniano. Siguió la fiesta y la música por largo tiempo…Y al final, cuando se acabaron las botellas y se agotó el repertorio, surgió espontánea una pregunta en el ambiente: -“¿Por qué deshacer este hermoso Coro? ¿Por qué separarnos y marcharnos de nuevo a nuestros Coritos parroquiales, rompiendo esta unión y camaradería? ¿Por qué no formar entre todos un Coro o un Orfeón por todo lo alto? ¿Por qué no seguir unidos y actuar más veces conjuntamente? ¿Por qué…? ¿Por qué…?”. Y se separaron con nostalgia y morriña, entre abrazos y besos, tras varios meses de ensayar, trabajar y cantar juntos. La “semilla” estaba arrojada en el surco. El “reto” estaba en el aire. Había que recogerlo y cristalizarlo en algo concreto. En los meses siguientes hubo muchos cambios de impresiones, gestiones y pasos silenciosos entre los responsables de la Juventud Antoniana: Un servidor como Director y los PP. Yon Zubieta, José Galárraga y Francisco Aguirre como dinámicos colaboradores. Y los miembros de la Junta Directiva: Gaizka San Pedro, Napol Etxebarria, Javier Garay, Victor Abaroa, Imanol Urrutia…Aquel “¿Por qué?” del día 11 de Diciembre era un estímulo y un acicate que nos escocía a todos. Fue madurando silenciosamente la “semilla”. Y, por fin, tras cuatro meses de gestación nacería oficialmente el “ORFEON BERMEANO” el día 5 de Abril de 1.956. Había terminado la “prehistoria” del Orfeón Bermeano entre ilusiones y sobresaltos. Ahora comenzaba su “HISTORIA” con nuevas y gloriosas singladuras. Y en este año de 1.986, mientras el Orfeón Bermeano celebra y festeja su XXX aniversario de nacimiento, allá lejos, en la Misión del Beni (Bolivia) el ilustre “erriko seme” Mons. Carlos Anasagasti – artífice involuntario de la chispa de la que brotó la idea del Orfeón Bermeano – celebra y festeja también las Bodas de Oro de su Sacerdocio y las Bodas de Diamante de su nacimiento en el barrio Demiku de Bermeo. Desde estas páginas, ENHORABUENA al uno y al otro!. P. Andrés Uberuaga Ortúzar
ESCRITO POR EL PADRE ANDRES UBERUAGA ORTUZAR CON MOTIVO DEL 30 ANIVERSARIO DEL ORFEÓN